Por qué no… Como conocí a vuestra madre

¿Por qué he dejado de ver la serie más molona y chic del siglo XXI? ¿Por qué me niego a ver el ‘Friends’ de mi generación?

La respuesta es sencilla: NO TRAGO A TED MOSHBY. Me parece un coñazo de tío, prepotente, novelero, empalagoso, que ha conseguido cargarse su propia serie, porque ya nadie quiere saber quien es la madre (me cuentan que en la temporada octava aparece…). Ted es un intelectual, es arquitecto y eso mola, que tiene un encanto extraño que le hace tener a miles de mujeres a su vera, y que siempre está dando la vara con la mujer de su vida. Eso ha hecho tan repetitiva la estructura de la obra, y tan reinicidentes los capítulos, que al final uno se harta…

Vayamos por partes. La serie empieza bien. Una buena idea de partida, unas tramas capítulo a capítulo que forman parte de un enorme rompecabezas, unos guiones ingeniosos, y sobre todo, un maravilloso secundario: Barny, ese “médico precoz” convertido en un playboy amoral, cínico, incoherente y divertido. Es la evolución de Joey, aquel ligón cortito de Friends. Es lo mejor de esta serie sin duda. La pareja de Marshall y Lily tenía su encanto y su bis cómica, pero la acabaron quemando. Marshall acaba convirtiéndose en alguien igual de cargante que su amigo Ted, y Lily tiene sus días. Dicho sea, todos ellos son personajes más atractivos y apetecibles que el insufrible protagonista. Incluso Robin lo es, pese a su soserío canadiense.

Admito que la serie está plagada de ingenios narrativos, de juegos divertidos (ese taxista de NYC que siempre es el mismo), esos capítulos contados desde distintos puntos de vista, la historia de los dobles a lo largo de varias temporadas, etc, etc, etc… Pero la esencia de la serie, el descubrir quién es la madre, el que ese gilipuertas encuentre alguien que lo aguante, eso, se pierde en la segunda temporada. Entre eso, y que algún canal como Neox la emite desordenada (dada la fragmentaria estructura a veces tiene hasta chispa este método de emisión) la serie es un conglomerado de líos y de ocurrencias supermolonas, pero sin una coherencia global (que es lo que pensábamos que tenía al prinicipio).

Hay un capítulo, donde toda la pandilla se junta a celebrar el cumple de Lily, y ésta se enfada con Ted, porque cada día importante acude con una “zorrita” distinta, de la que luego no sabe nada. Tal vez sea una autocrítica encubierta al conjunto de la serie.

Mi última reflexión va porque hoy en día, consumimos series con personajes complejos: un policía viudo y con un hijo camino de ser un psicópata, que lidera un grupo de gente desesperada contra unos zoombies (The Walking Dead), un publicista en los 60 de NYC, con una doble vida (Mad Men), una agente de inteligencia bipolar, acusada de traición, amante de un supuesto asesino en masa (Homeland), un profesor de química de instituto que se muere de cáncer, y se convierte en el mayor de productor de drogas del país para la subsistencia y se acaba enganchando al poder (Breaking Bad)… Son todo personajes complejos en tramas complejas. Ted es un tipo molón, que trabaja sesenta horas al día como arquitecto de rascacielos con 29 años, que va por ahí con sus amigos tomando cervezas y ligando al toque, que no es capaz de encontrar hembra que lo soporte… Vamos, de una complejidad que apabulla…

Por qué… The Walking Dead

El aluvión de series que uno puede disfrutar procedentes de USA (de la ficción española no pienso hablar, salvo para Crematorio y poco más) es tal, que uno puede elegir todo tipo de opciones: humor, terror, intriga, espías, drama, históricas, fantásticas, … En este espacio que hoy inauguro voy a explicar por qué veo algunas series, y por qué no veo algunas, o mas bien, por qué he dejado de verlas.

Para empezar he elegido una serie que ha causado en mí sentimientos contradictorios. Es ‘The walking Dead’. Durante las dos primeras temporadas fue meramente entretenida, podía verla saltándome capítulos, o dejando algunos a medias. Básicamente era la historia de unos tipos que huían, que se enfrentaba a zoombies, que eran el único enemigo. La tercera temporada empezó a aflorar algo que me hizo seguirla con algo más de atención. De repente surgió el enemigo no zoombie. Y bueno, me atrajo ese nuevo plano de conflicto. Aun así, me seguía pareciendo un mero entretenimiento, algo truculento…

Pero ha sido esta cuarta temporada, de la que he visto los tres primeros capítulos, recién estrenada en USA, y que gracias a Yomvi sigo, la que ha acabado de conquistarme.

Y lo ha hecho porque ‘The Walking Dead’ ha empezado a hablar de algo de lo que antes no había hablado: de la deshumanización de los “soldados”, de que ya no queda un futuro, sino solo sobrevivir. Habla de unos personajes que se vuelven salvajes, que han integrado la violencia de tal modo que la justifican, la sistematizan, y con todo eso, se vuelven asociales, incluso sociópatas. Habla de unos niños con la inocencia perdida. De un líder que no quiere serlo, que se resiste cada vez con menos fuerza a ser un tirano, porque ya no dirige un grupo de humanos, sino que dirige a gente que está harta de la vida. La indefensa ama de casa, maltratada por su marido en el pasado, que ahora instruye metódicamente a los niños en el uso de las armas, la muchacha que ya no llora al perder a su novio, el hombre duro que ya no tiene como aguantar su fachada, y sobre todo, ese aterrador pre-adolescente, que porta una pistola enorme, con ese sombrero de cowboy, con esa mirada de niño de la guerra, que tanto pánico infunde.

Todo eso es lo que ha permitido que esta serie se gane por fin mi respeto y mi deseo de ver el siguiente capítulo. Los zoombies cada vez importan menos. Cuando aprendan a sacarlos poco, a que sepamos que su presencia y su amenaza está ahí, pero que lo esencial es que el hombre es un lobo para el hombre, entonces esta serie habrá llegado al siguiente nivel. Por ahora los guionistas progresan adecuadamente.

Solo Dios perdona: …porque el espectador seguro que no

Escribo estas líneas aun confuso. Quiero ser positivo para redactar una crítica de la última peli del director de ‘Drive’, interpretada de nuevo por mi favorito Ryan Gosling, con una maravillosa Kristin Scott Thomas de secundaria. Me ha cogido por sorpresa esta película, no sabía de su inminente llegada, y hoy me la he encontrado de repente en los cines… Y bueno, dado que me gustó tanto ‘Drive’ la primera vez que la vi (la segunda me gustó menos, pero he procurado olvidar esta visualización), dado que me molan esos dos actores, he pensado que era mi mejor elección taquillera.

Si empezara diciendo que la peli es un bodrio, pues hombre, estaría influyendo en mi lector. Y eso no es… Creo que lo mejor que tiene la película es el título, y lo que se promete tras él, y la sensación con la que uno entra al cine. La sinopsis es buena: “Billy, envuelto junto con su hermano Julian en negocios turbios en Bangkok, es asesinado tras él matar a una prostituta. El asesinato ha sido ordenado por un siniestro policía, justiciero. La madre, la jefa de clan, llega a Bangkok para llevarse el cuerpo del hijo muerto, y orquestar una venganza junto con Julian…”. Y además, yo les digo: visualmente es imponente (es cierto), y me fascina (esto también es verdad) ese policía con algo de tripilla, con pinta de paleto, que es una especie de samurai tarado, justiciero, que limpia de mierda las calles de la putrefacta Bangkok (bonito destino turístico). Incluso añado: qué buena idea que el malo/bueno sea ese policía que va a un karaoke a cantar una especie boleros, a lo thailandés, después de cada noche de ajustes de cuentas… Es que así contado, con ese aire de ambigüedad, esa atmosfera oriental y sucia, uno acude con ganas de ver el peliculón.

Pues bien, en vez de hacer una peli en condiciones, con esos actores, con esa buena logline, con esas excentricidades que molan, con ese escenario tan onírico y tétrico, tan ideal para un thriller como éste, que es Bangkok, va el tío (no digo su nombre porque ni se lo merece), y hace una cosa super extraña, que no tiene ni pies ni cabeza, en la que no te enteras a que juega el imbécil del protagonista, que no sabes si oculta algo o está estreñido, unas escenas en los prostíbulos que parecen un anuncio de colonias, una relación de la madre y el hijo como la que yo tengo con la que me vende el pan, unas secuencias a cámara lenta que te da tiempo a ir a por más palomitas, un momento en el que no sabes qué es soñado, qué es imaginado y qué es real. Y un final por la cara.

Tiene usted razón, señor director: solo Dios perdona. Me ha tocado usted las narices para una buena temporada. Es el efecto parchís: hago una buena y me dejais hacer 20 malas…

El cuestionario del criticador:

Con quien ver esta película… Con un colega imaginativo que sepa hacer voces y doblar de coña, y contar chistes.

Lo mejor de la peli… Cuando el poli paleto/justiciero se dedica a repartir.

Lo peor de la peli… Que te da ganas de reir a los cinco minutos, y una vez le pierdes el respeto, no hay vuelta atrás.

Una nota… Un 2.

Un consejo… Lo dicho, busque una sesión entre semana en que la sala esté vacía, en un cine de las afueras, y vaya con los colegas a hacer una visión crítica de la obra. Seguro que se ríe tela…

La vida de Adele: magnetismo

Es tan bella Adele, interpretada por esa chica de apellido griego, es tan apabullante cada plano de esa recién mujer recogiéndose el pelo, es tan sincera cada lágrima, cada sonrisa, cada deseo, es tan honesto el director con una cámara que no esconde, es tan estremecedor cada grito o cada gemido, que esta película vale la pena pese a sus tres horas de metraje, a sus inconsistencias narrativas, pese al (discutible) “porno” que la transita y que tanto ha dado que hablar…

Basada en una novela de ésas que leen muchas de mis compañeras de generación de clase media/alta, esta película radiografía el paso de la adolescencia a la edad adulta de una joven francesa, de clase media, guapa e inteligente en la medida en que podrá estudiar en la universidad y ser lo que quiere ser (maestra de escuela).

Presentando los tabús de una sociedad tan avanzada y tan chic como la gala, que no solo sigue mirando con descreimiento el lesbianismo, sino también a las clases sociales algo incultas, ya sean blanquitos o inmigrantes, la película está por encima de todo eso. Debajo de ese discurso subyace una historia de sexo, pero sobre todo de amor, que inundan a una mujer desbordada por la contradicción, por el deseo, por la confusión.

La primera hora, la que presenta a Adele buscándose a si misma, acercándose a esa Emma, mayor que ella, símbolo de la modernidad, es simplemente magistral. Es tan creíble esa adolescencia confusa, ese mundo cruel de los “niños”, que estremece ver a la muchacha, sola casi siempre, con un peso en su mochila que le cuesta mover. Y es cuando alcanza su deseo, cuando conoce, y empieza a amar a Emma, es ahi cuando la película tal vez peca de desconectar de todo lo anterior. Tal vez se busque decirnos que el mundo de Adele es solo el de Emma, pero hay una elipsis que es difícil de captar, y una desaparición de un universos de personajes que puede servir como metáfora del aislamiento de Adele, pero chirría un poco.

La película transita así hasta el final, un punto previsible. En esa parte espera uno algo más, algo de tensión, … Pero la vida fluye con sus conflictos cotidianos, casi de una manera documental.

Hasta que la última mediia hora resurge, para crear en el espectador una congoja y una desesperación, tal y como la siente la joven Adele. La película nos regala dos escenas maravillosas, que hacen de esta película algo memorable. La primera, una discusión absolutamente desazonante, violenta, aterradora, por lo auténtica que parece (recomiendo ‘Revolutionary Road’ si uno quiere ver discusiones de pareja bien filmadas e interpretadas). Y la otra es el encuentro en el bar, emotivo, escalofriante.

Debe uno quedarse con eso. Con esos momentos magnéticos, con esa mirada de Adele, con la manera cruda, honesta, intensa de filmar sentimientos profundos, como la pérdida, como el amor, como el deseo. Narra perfectamente esa sensación de que la vida de uno se puede reducir a otra persona.

A veces se va al cine a que a uno le remuevan las tripas y le arranque alguna lágrima. Si no, vea usted Thor…

 

El cuestionario del criticador:

Con quien ver esta película… Con alguien que no tema avergonzarse de una escena de sexo en un cine. Para todos los públicos, excepto para esos, que tal vez debiera hacérselo ver.

Lo mejor de la peli… Sus dos actrices y su entrega para componer una película tan personal, tan íntima, tan bella a ratos.

Lo peor de la peli… Que hay quien solo sabrá quedarse con las escenas lésbicas (para bien o para mal), y que hay algún engranaje narrativo que se podía haber afinado más.

Una nota… En conjunto, un 7 largo, según me coja el día un 8 incluso, aunque tiene algunos momentos dignos de pasar a la historia del cine.

Un consejo… No se avergüence de las escenas de sexo, ni ría nervioso, ni prejuzgue la historia por ser de lesbianas. Acuda al cine con la mente libre de todo prejuicio, y aprecie cada plano. Merece la pena. La película habla de amor y de desamor, de lo maravillosa y la amarga que puede ser la vida por la mujer/hombre de tu vida, y eso en el fondo habla de cualquiera, sea francesa, hetero o albañil.