The imitation game: de héroes maltratados y leyes medievales

Gusta al criticador esta película por tres motivos esenciales.

PRIMERO. El actor protagonista lo hace muy bien, y se llevará muchos premios. Este Cumberbach interpreta con una honestidad, una elegancia y una cantidad matices extraordinarios. Bravo señor.

SEGUNDO. La película está bien rodada. Tiene un buen guión, tiene intensidad, buenos actores que acompañan al gran Bennedict, te hace pasar por un metraje de más de dos horas con suavidad y ligereza. Chapeau

TERCERO. Habla de un tipo, que desde un laboratorio, sin armas, con ingenio y tecnología, consiguió liderar un proyecto que ayudó a contrarrestar a los nazis. Lo que viene a ser un héroe. Y a su vez, es un tipo maltratado por un sistema educativo clasista y salvaje, por una sociedad hipócrita, que lo acabó castrando químicamente, y que con 41 años, lo abocó a un socrático suicidio, en la soledad y el ostracismo.

Gusta a este criticador que se haga cine bien interpretado, bien escrito, bien filmado, entretenido, y que de camino recuerde que no hace tanto, en este mundo occidental nuestro, a los distintos por su opción sexual, o por el color de su piel, se les marginaba o se les castigaba o se les perseguía. En esta sociedad tan libre está bien que nos recuerden que nuestros abuelos ya vivían cuando pasaba esto. De hecho, la ley que castró a Turing, el protagonista de esta película, se abolió cuando los Beatles ya enloquecían a las masas o el hombre estaba a punto de llegar a la Luna.

Gusta al firmante que el cine bueno tengo una pequeña dosis de incomodidad y de amargura.

Lo mejor de la peli… Cumberbach, Cumberbach, Cumberbach…
Lo peor de la peli… Algunas inconsistencias de guión y lagunas que ni dan ni quitan, pero que por eso mismo, se podrían haber hecho mejor.
Una nota Un 7 largo.
Algo más, o calla para siempre… Se agradece que le hagan una película a uno de los padres de la computación. Falta una serie televisiva sobre Kernighan y Ritchie (si no sabe quienes son, búsquelo en la wiki: se trata de dos tipos que crearon una de las bases de la revolución tecnológica que vivimos, no como el vendedor de tablets caras Steve Jobs).

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Birdman, o la extraña sensación de lo superficialmente bello

Es tal el nivel de contradicciones, de sentimientos encontrados, de atracción y afección y hastío y desagrado que provoca en el criticador la película de Iñarrirtu, que tal vez solo por eso, merezca ser vista.

Es Birdmanun ejercicio de técnica apabullante. Durante dos horas simula un enorme (e imposible) plano único. La brillantez de la propuesta formal, ejecutada con una visualidad vibrante, que a veces deja exhausto, y que otras marea, desorienta, que en ocasiones omite con sutileza y que juega con la luz, con el día y la noche, en otras ocasiones resulta un engorro que haga que no piense que ya está bien de invento. Es éste el primer motivo por el que la película merece la pena ser vista, y es el recurso que puede llegar a tocar más las narices después de dos horas.

El segundo motivo que cautiva al criticador es la magia de moverse por las tripas de Broadway, de un teatro donde se ultima un estreno, de ese espacio laberíntico lleno de gente, de estrés, de egos, de magia, para desembocar en el escenario. La cercanía a ese mundo, a los actores, resulta fascinante, especialmente en la primera media hora, donde con un espíritu cómico y desgarrador, recuerda al teatro dentro del cine de genios como Lubitsch en Ser o no ser.

El tercer motivo son unos actores espléndidos. Un Michael Keaton enorme, de una credibilidad pasmosa, en el que viene a ser su mejor papel, tal vez. Acompañado de un Edward Norton histroniquísimo, divertido y cargante, y sobre todo, de una Emma Stone dulce y amarga, bella y mala, que transmite su desazón y su sensualidad a la pantalla (maravillosos esos cigarros en la azotea con Norton)

El cuarto motivo es que la película está en Nueva York, y en concreto en Broadway. Y aunque sea desde esa azotea, es bello, es hipnótico, es teatro puro.

Y dicho todo esto, y dicho que las dos horas se pasan rápido, este enorme envoltorio, lleno de alardes técnicos, grandes interpretaciones y magia escénica, está mas bien hueco, y no es tan redondo como hubiera esperado uno. Lo que la primera media hora se antoja como una obra maestra, como una película colosal (les juro que tuve esa impresión), no encierra nada más que eso, muchas buenas ideas, formales y de guión, mezcladas, presentadas, y que avanzan a trompicones, como si de una carrera por ser el mejor conflicto se tratase.

Ejemplos: ese Norton que viene y va, que a veces llena la película, que a veces parece un extra, un antagonista/coadyuvante del prota, va y viene; la dualidad del actor que interpreta Keaton, que al arrancar parece que va a ser el eje central de la peli, y que luego desaparece hasta el desconcertante final (es más, esa dualidad menos sutil hubiera sido igual de efectiva o más); la relación con la joven actriz que no sabemos si es importante o no; una hija que es drogadicta rehabilitada pero que recae con frecuencia, como el que come pipas, pero no parece que altere la obra; un productor que parece que va a ser el Sancho Panza de Quijote, pero luego desaparece, aunque al final a alguien se le ocurriría que habría que hablar de nuevo de ese hombre…

Y lo más sangrante, lo que más ofende a este que aquí escribe. Señor Iñarrirtu, sea respetuoso. Se inventa que la obra que preparan es una adaptación de algunos cuentos de ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, de Raymond Carver. Es casi obsceno que no se use como un elemento más en la película precisamente ese texto de fondo… Ese libro habla de muchas cosas y está tan lleno de matices, que da la sensación de que al mexicano y sus otros guionistas se les ha pasado explotar ese gran texto y los paralelismos con la historia que querían contar. El uso de Carver es casi accesorio en esta película.

Asumo que hay quien dirá que es un bodrio, asumo que hay quién le daría muchos premios, asumo quien salga confuso del cine. Estoy convencido que se llevará premios, tal vez barra en los Oscars, quien sabe. Yo solo aconsejo que la vean, que se sumerjan en ella, y que se dejen llevar. La película, llena de imperfecciones, tiene algo distinto que merece ser visto con atención.

¿Con quién la verías? Con amantes del teatro, a poder ser actores.
¿Con quién no la verías? Con amantes de Carver, porque a lo mejor se enfadan, o a lo mejor les encanta, y entonces soy yo el espantado
Lo mejor de la peli es…El arranque, y el atardecer de Nueva York desde la azotea. Es de una luminosidad decadente y sincera como pocas veces he visto en un cine
Lo peor de la peli fue….Que tuve la sensación de que iba de una cosa, luego de otra, luego volvía a la anterior…
Una nota Un 7, o un 6’5, aunque tiene momentos de 8.
Algo más que decir… Pues que leáis a Carver, y en especial el libro en el que se basa la obra de teatro de la peli. Ese señor pone los pelos de punta escribiendo cuentos de nos más de 15 páginas. Con tanta mierda en las librerías y en las recomendaciones literarias de los medios, un poco de Carver ayuda…