Por qué… The Walking Dead

El aluvión de series que uno puede disfrutar procedentes de USA (de la ficción española no pienso hablar, salvo para Crematorio y poco más) es tal, que uno puede elegir todo tipo de opciones: humor, terror, intriga, espías, drama, históricas, fantásticas, … En este espacio que hoy inauguro voy a explicar por qué veo algunas series, y por qué no veo algunas, o mas bien, por qué he dejado de verlas.

Para empezar he elegido una serie que ha causado en mí sentimientos contradictorios. Es ‘The walking Dead’. Durante las dos primeras temporadas fue meramente entretenida, podía verla saltándome capítulos, o dejando algunos a medias. Básicamente era la historia de unos tipos que huían, que se enfrentaba a zoombies, que eran el único enemigo. La tercera temporada empezó a aflorar algo que me hizo seguirla con algo más de atención. De repente surgió el enemigo no zoombie. Y bueno, me atrajo ese nuevo plano de conflicto. Aun así, me seguía pareciendo un mero entretenimiento, algo truculento…

Pero ha sido esta cuarta temporada, de la que he visto los tres primeros capítulos, recién estrenada en USA, y que gracias a Yomvi sigo, la que ha acabado de conquistarme.

Y lo ha hecho porque ‘The Walking Dead’ ha empezado a hablar de algo de lo que antes no había hablado: de la deshumanización de los “soldados”, de que ya no queda un futuro, sino solo sobrevivir. Habla de unos personajes que se vuelven salvajes, que han integrado la violencia de tal modo que la justifican, la sistematizan, y con todo eso, se vuelven asociales, incluso sociópatas. Habla de unos niños con la inocencia perdida. De un líder que no quiere serlo, que se resiste cada vez con menos fuerza a ser un tirano, porque ya no dirige un grupo de humanos, sino que dirige a gente que está harta de la vida. La indefensa ama de casa, maltratada por su marido en el pasado, que ahora instruye metódicamente a los niños en el uso de las armas, la muchacha que ya no llora al perder a su novio, el hombre duro que ya no tiene como aguantar su fachada, y sobre todo, ese aterrador pre-adolescente, que porta una pistola enorme, con ese sombrero de cowboy, con esa mirada de niño de la guerra, que tanto pánico infunde.

Todo eso es lo que ha permitido que esta serie se gane por fin mi respeto y mi deseo de ver el siguiente capítulo. Los zoombies cada vez importan menos. Cuando aprendan a sacarlos poco, a que sepamos que su presencia y su amenaza está ahí, pero que lo esencial es que el hombre es un lobo para el hombre, entonces esta serie habrá llegado al siguiente nivel. Por ahora los guionistas progresan adecuadamente.